Frecuencia de estimulación

Hemos definido la forma de onda del impulso y, con un impulso individual, también podemos obtener una contracción muscular momentánea (como una vibración); sin embargo, para obtener una contracción sostenida, debemos entregar “un tren” de impulsos, caracterizado por “una frecuencia” (al menos 30 impulsos por segundo).

La frecuencia puede ser definida como la cantidad de impulsos que se suministran en un segundo.

La frecuencia ideal de estimulación depende de la composición del músculo a estimular.

Todo músculo está compuesto por porcentajes diferentes de fibras lentas, caracterizadas por un metabolismo aeróbico, y de fibras veloces, caracterizadas, en cambio, por un metabolismo anaeróbico.

Si se quisiera estimular un músculo en el cual prevalecen las fibras lentas (fibras tónicas), debemos utilizar frecuencias relativamente bajas (de 1 a 30 Hz).

Si, por el contrario, debemos estimular un músculo capaz de desarrollar picos de fuerza elevados y, por lo tanto, compuesto preponderantemente por fibras fásicas, debemos utilizar frecuencias más elevadas (de 50 a 120 Hz).

La frecuencia de los impulsos también puede determinar el objetivo de la electroestimulación, como entrenamiento pasivo.

Las características de un músculo, en efecto, pueden ser modificadas mediante la electroestimulación.

La electroestimulación con frecuencias elevadas puede “transformar” parcialmente las fibras tónicas en fibras fásicas, estas últimas caracterizadas por un mayor desarrollo de fuerza instantánea, en desmedro de la resistencia muscular.

Una frecuencia muy baja (de 1 a 10 Hz) es tolerada muy bien por cualquier músculo, como un masaje tonificador y no produce cansancio muscular.

El efecto fisiológico está relacionado a una mejora de la irrigación sanguínea de las fibras, a nivel capilar, que conduce a una mejor alimentación de la fibra muscular y a una facilitación de la eliminación de catabolitos (por absorción).

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